Aprendizaje y construcción del conocimiento
La educación tiene planteadas exigencias múltiples, crecientes, complejas y hasta
contradictorias. Se requiere transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de
conocimientos, que genera y requiere la sociedad cognitiva. Se exige ofrecer criterios y
orientaciones para no perderse entre cantidades ingentes de informaciones, más o menos
superficiales y efímeras, que invaden los espacios públicos y privados. Se necesitan valores,
objetivos y metas que guíen y mantengan el rumbo en proyectos de desarrollo personal e
inclusión social. La educación debe proporcionar las cartas náuticas en un mundo complejo y en permanente agitación, pero también la brújula para poder navegar por él y el ancla para
detenerse, cobrar fuerzas, anticipar y valorar rutas a seguir.
En la sociedad del conocimiento el aprendizaje no se circunscribe a un determinado
espacio como las instituciones educativas; se exige aprender en todos los contextos. Por otra
parte, el aprendizaje no puede quedar limitado a un determinado periodo temporal en el ciclo
vital de la persona. No se puede ya vivir de las rentas de conocimientos adquiridos en los
años de formación. Los continuos cambios en todos los niveles conllevan nuevas demandas
profesionales y nuevas exigencias personales. Es obligado aprender a lo largo de toda la vida
de la persona. Cada persona ha de asimilar
una base de conocimientos rigurosos y estrategias eficaces; tiene que saber qué pensar y
cómo actuar ante las situaciones relevantes a lo largo de la vida; hacerlo desde criterios
razonables y susceptibles de crítica; ser sensible a las exigencias cambiantes de los contextos;
desarrollar el pensamiento reflexivo, crítico y creativo.